Mostrando las entradas con la etiqueta Luna. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Luna. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de noviembre de 2013

¡Eclípsame tú!: Un poco acerca de los eclipses



Por lo general dos veces al año nos encontramos con un par de eclipses, algunas veces puede que en un mes tengamos tres. A los eclipses siempre, desde los inicios de la misma humanidad se les ha dado connotaciones mágica e incluso catastróficas. Pero, en realidad su interpretación astrológica difiera de esa visión apocalíptica.

En el cielo tenemos dos focos que iluminan como un faro nuestro camino, el Sol y la Luna, el primero irradia, luz, calor y vida por si mismo, en cambio, la segunda, la Luna lo hace como una especie de refractor del Sol. Mientras el Sol nos da claridad total y nos crea el día. La Luna que es un poco más caprichosa no siempre nos acompaña durante la noche. A lo largo de los milenios, nos hemos acostumbrado a la luminosidad de ambos, por eso, cuando en el firmamento una sombra aparece y da la impresión que devora a alguno de ellos, nuestro mundo interior y exterior parece entrar en un estado de emergencia.
¡Eclípsame tú, sí tú!

Esa sombra que produce los eclipses no es más que la sombra de la Tierra en el caso de los eclipses lunares o la sombra de la misma luna en el caso de los eclipses solares, el porqué y cómo ocurre este fenómeno podría llevarme a escribir demasiado acerca de astrofísica y en realidad eso no es lo que quiero hoy. Lo que me interesa es hablar de ese estado de emergencia generado por la falta de luz.

Llámalo estado de emergencia, crisis o shock, lo que ocurre en el cielo también ocurre a nuestro alrededor, y por ende, también dentro de nosotros. Y en esto se basa precisamente la interpretación de los eclipses a nivel astrológico. En entender esa crisis interior provocada por este fenómeno.

El Sol representa todo ese potencial que nos puede llevar a algún día al desarrollo consciente de nuestro verdadero yo, mientras que la Luna todo lo maneja a un nivel inconsciente, ella siente, vibra en función de lo que percibe a su alrededor, el Sol exterioriza la luna interioriza. La luna modula la respuesta directa provocada por el Sol, te hace reflexionar, y también te contacta con el potencial dormido que no es más que un cúmulo de experiencias ya vividas en otros momentos o incluso en otras encarnaciones. La Luna y el Sol, también representa un par de figuras muy importantes en nuestra historia personal, El Sol simboliza a nuestro padre y la luna a nuestra madre.
El afecto se hace notorio

El mundo lunar y solar también por ende, como todo, se ve reflejada en nuestro mundo gay. Vivimos en un mundo solar y concreto, pero, somos nos guste o no, seres lunares, reaccionamos y sentimos, miramos todo a través del prisma de nuestras emociones, ¿distorsionamos la realidad? Seguro que sí, pero, ¿Qué es la realidad? Yo,por ejemplo,  aún no lo sé. La realidad aparente, la más común por decirlo de alguna forma, en nuestro mundo, siempre fue, sentirnos atraídos por otro hombre como nosotros, vivir un momento de lucha interna, de indignación, de rechazo a nuestros instintos y si topamos con suerte en algún momento de aceptación, todo esto mayormente a escondidas de nuestro Sol (Papá) o de nuestra Luna (Mamá) Así que esto de nuestro potencial, de nuestro verdadero yo, de ese Sol interno deseoso de manifestarse ha vivido momentos de mucha o total oscuridad. La luna en cambio estaba ahí reaccionando percibiendo como los demás nos miraban, la paranoia lunar seguro empezó a desarrollarse con rapidez y en nuestro interior nos decíamos: “Este ya me descubrió y ahora irá corriendo a casa a soltar la bomba”. Esa misma paranoia pudo cambiarnos desde adentro hasta verse reflejada hacia afuera, un ser introspectivo en algunos casos fue el resultado, en otros un ser inquieto y muy sociable que no podía parar porque detenerse implicaba quedarse a solas y autoflagelarse todo el día. Pero, de repente, en algún momento de esta historia, llega ese chico en plena luz del día a nuestras vidas, ese que te devuelve las miradas, te corteja, o mejor aún responde dulcemente a tu cortejo. Y la luna se te eclipsa y el Sol quiere brillar. O también, claro está, te llega ese chico tímido como tú, empieza a entablar una amistad contigo, hasta que la intimidad es tal que encuentras que ha nacido un sentimiento muy fuerte y qué no es precisamente la amistad inicial. Tu propia defensa lunar cayó sobre tu Sol creó un escondite perfecto para amarte y dejas de ser así lo que has sido hasta el momento, y empiezas a ser con ese amigo tú mismo, tu Sol se eclipsó y tu luna lo protege. Pero, no todo es para siempre en especial, en esa fase en la que no estamos muy seguro de lo que somos debido a ese enmascaramiento voluntario de nuestro yo verdadero. El chico lindo que apareció a plena luz del día duda un poco, se aleja y tú quedas en shock una vez más, aquellos besos te gustaron y quieres más. O en el otro caso, el escondite que creaste era tan oscuro que tu amiguito se sintió acorralado, y te abandona dejándote ilusionado por querer más de todas esas muestras de afecto que te demostró en ese rinconcito oscuro lunar.
El escondite lunar por excelencia: La Cocina.

Los eclipses son así, son precisamente todo lo que te narré. Si un eclipse contacta con algunos de tus planetas natales, en especial si la hace conjunción, quieres ser tú mismo y hacer lo que deseas. Cuando es lunar, la luna se oscurece, las emociones entran en ese estado de emergencia mencionado antes. Te da algo de miedo, porque siempre has refugiado en ellas, pero, descubres que aún hay mucho por descubrir en ese mundo concreto y solar del que te hable, al volver la luz, las emociones han hecho un switch quieres probar otras situaciones, buscar aventura y sentirte vivo. Cuando es el Sol quien se ensombrece, dentro de ti, empieza a imperar la introspección y al regresar la luz te das cuenta que no puedes ir por la vida sin irradiar tu propia luz y decides empezar a brillar. Si todos los eclipses llevan a lo mismo a ser uno mismo, porque los eclipses involucran dos fuerzas determinantes en nuestra concepción del Yo, el Sol y la Luna.

La sombra que invade al Sol o la Luna, por lo general se manifiesta como una persona o situación que nos viene a enseñar nuestro potencial, pero, lo hace de manera intempestiva, sorpresiva y muchas veces durante poco tiempo pero con mucha intensidad. Por lo general, la naturaleza de esa situación o las características de esa persona dependerá de cual sea el planeta activado en tu propia carta natal. Pero, al fin de cuentas el resultado es el mismo, terminar con un viejo esquema ya insostenible e iniciar así un nuevo paradigma.








viernes, 6 de septiembre de 2013

Mamma Mía !!!- Asomó la Luna!



La Luna es un personaje muy misterioso que está siempre, está ahí disponible y sale sin aviso cuando necesitamos sentirnos seguros. El día que nacimos, el primer contacto afectivo se estableció a partir del tipo de Luna con la que contamos. Y es así como Mamá aparece en nuestra vida trayéndonos esa energía. La Luna es regente del signo de Cáncer, trae en la evolución del Zodíaco la energía del agua, de los afectos y nos trae al hogar, al útero, la zona donde alguna vez nos sentimos cómodos y seguros. Es por eso, que nuestro psiquismo se arma alrededor de la energía de la luna y el signo en el que está. La casa que ocupa la Luna, será el lugar que tenemos afectivizado, aquel aspecto de nuestra vida donde nos sentimos como en casa.
La Luna provoca un doble juego, tiene una cara que vemos y una que no vemos, nos dota de talentos naturales aprendidos de otras vidas, ya que es la memoria del alma y a la vez nos propone una trampa mortal: el recurso de escapatoria que nos teje alrededor cuando nos sentimos amenazados.
¿Qué quiero decir con esto?

La Luna es como una lupa, agranda todo lo que toca y lo absorbe. En el signo en el que está, potencia las caracateristicas de ese signo a nivel emocional, dándole los talentos de ese signo, pero también los recursos de escape propios de ese signo. La Luna provocará en nosotros los mecanismos de reacción con los que asociamos "ser queridos o aceptados por los otros", y en general es la manera en la que asociamos como Mamá nos quiso.

¿Cómo reacciona una luna frente a una situación que amenaza su armonía emocional? Por ejemplo, tu novio te deja: Si tu Luna está en Aries, lo más probable es que empieces a darle golpes y luego te vayas a correr hasta que se te pase la furia. Una Luna Taurina, tardará en reaccionar y se pondrá a comer o a mirar la TV, la de Géminis buscará explicaciones y hablar sin sentido hasta que se tranquilice comprendiendo su estado emocional.
La Luna en Cáncer comenzará a llorar y a gritar ¿Por qué a mi?, la Leonina se sentirá ofendida y buscará llamar la atención porque su orgullo nunca será mansillado, mientras que la Luna Virginiana quizás se ponga a doblar y a acomodar su closet por enésima vez.
La Luna en Libra intentará conversar diplomáticamente (aunque por dentro tenga ganas de matarlo) y se preocupará de no alterarse para que el peinado no se le arruine. La Luna en Escorpio hervirá de furia, pero callará esperando el momento para la venganza. La Luna en Sagitario tomará la valija diciendo: "Aquí no pasó nada y saldrá de viaje a conquistar su próximo amor en el extranjero".
La Luna en Capricornio resignada confirmará una vez más que nadie lo quiere y se pondrá a trabajar. La Luna en Acuario sea probablemente la que dejó a la pareja porque se aburrió y la Luna en Piscis escribirá poemas y canciones de corazón desgarrado o se dará una sobredosis de alcohol o pastillas buscando que su pareja venga al rescate.

Así es como funciona la Luna y a pesar de que creamos haberla trascendido, ella espera ahí, siempre sale, porque no es racional, es emocional, y está dispuesta a reaccionar siempre.

La Luna pide por favor que la quieran, y tratará de mostrarlo de todas las formas posibles. El vínculo de seducción es a través del mecanismo Venusino, pero una vez establecido, es La Luna la que sella el vínculo y cuando la Luna se arma, cuesta olvidarse, ella tiene memoria, ella provee la sustancia para ese vínculo, la próxima vez que estemos a la luz de la Luna con nuestro chico, agradezcámosle tan bello regalo.